Reino de Misterio. Ciudad de Fantasía.

Se hace difícil considerar que un territorio tan vasto como el descrito para Tartessos pudiera pasar a la historia como un todo, un concepto tan único como el que nos ha llegado (o nos gusta imaginar).   Para conseguir algo así es necesario disponer de algún criterio unificador, un catalizador común, que justifique y consolide una organización bien estructurada.  En aquellos tiempos este catalizador sólo podría ser la religión, o una tradición muy antigua y bien arraigada.  Regresaremos en algún momento sobre el tema.

Porque si Justino indica que Habis, rey civilizador, organizó el trabajo en diferentes clases sociales y distribuyó la población en siete ciudades; si Estrabón comenta, citando a autores más antiguos, que los turdetanos (descendientes de los tartesios) eran los íberos más cultos, pues disponían de poemas y leyes escritas en verso de antigüedad superior a seis mil años; más aún, si, al igual que Schulten, un erudito como Blanco Freijeiro, de la Real Academia de la Historia, no puede sustraerse a citar en sus trabajos ilustrados una posible relación de Tartessos con la mitológica Atlántida; o científicos como Collina-Girard, Rainer W. Kühne, o Vázquez Hoys, entre otros, están hoy dispuestos a arriesgar su prestigio profesional defendiendo hipótesis en este sentido…, ¡cómo nosotros, amantes de la fantasía y lo imaginario, podíamos ser menos y sustraernos a esa tentación!

Así, retorciendo el mito, ¿por qué no hacer en la fantasía que Tartessos sea heredera de aquella Atlántida que Platón evocaba en su Critias?.   Como en ella, el reino estaría dotado de una perfecta estructura organizativa, dividida en diez comarcas de reyes iguales (Habis, más tarde, las reconvertiría en siete), con leyes milenarias que incluso se usan para autocontrol de sus dirigentes, quienes se someten a ellas y al criterio de sus iguales en votación democrática, por mayoría de votos.  Y Tharsis (el nombre bíblico del reino, reconvertido) sería aquí su capital, la ciudad perdida de paredes que refulgen con brillos metalizados, y guarda entre sus muros la antigua sabiduría de un pueblo en el olvido.

Como la Atlántida, Tartessos nos da pie a evocar el misterio,y soñar en fantasía.

Manuel Berlanga
Málaga, Septiembre de 2007
Marzo de 2009

atlantisciudad

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Este comentario, junto a los correspondientes a las Dinastías Tartesias, han sido extraídos del volumen II de Nórax de Tartessos: Las Columnas de Heracles.

Las Dinastías Tartesias. III – Gárgoris y Habis

En las “Filípicas” de Trogo Pompeio, escritor galo del siglo I a.C., recogidas por el historiador romano Justino, junto a la de Gerión se nos presenta otra dinastía protohistórica (que incluso podría ser anterior a ésta): la de Gárgoris y su hijo Habis, no ubicada en la costa sino en los Montes Tartesios (Justino cita al primero como rey de los curetes, y Guillén Robles lo sitúa en la Serranía de Ronda).

Ambos son estudiados en profundidad por Julio Caro Baroja, quien encuentra en ellos las figuras del héroe civilizador y legislador, estamentos comunes en otras civilizaciones monárquicas del Mediterráneo. Según Maluquer, la supuesta regencia de Habis se habría desarrollado en la época histórica de los primeros contactos del mundo tartesio con los comerciantes fenicios, y representaría una etapa de consolidación económica, previa a la de expansión colonial realizada por Nórax.

Así los hechos, resulta fácil suponer que no existió una dinastía tartesia única, sino varias, que incluso, como presenta Justino, podrían haber sido coetáneas.  Este concepto encajaría perfectamente en un territorio de amplia extensión como el que parece abarcaba Tartessos, desde el Atlántico hasta Levante, y que estaría plagado de reyes o reyezuelos, como ha quedado demostrado en numerosos datos y pruebas aportadas por la arqueología.

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  • En las novelas de Nórax esta es la opción elegida.  Es decir, Gárgoris es coetáneo de Crísaor y Gerión, y uno de los 10 reyes territoriales que gobiernan en reino de de Tartessos.