Las tres Lunas: Calírroe, Nedea, Eriteia.

Personajes fundamentales de la obra, la Tríada de Sacerdotisas de la Triple Diosa en Eritia se verá inmersa en los acontecimientos debido a una intensa relación directa con Silein.   Son las Tres Lunas, herederas de Medusa y sus hermanas, y serán ellas quienes convoquen la Luna Roja, para salvar a Imiel y la diosa de las garras de Orghión, Señor de la Oscuridad, y un Nórax poseído.

En agradecimiento, las Sacerdotisas de Silein recibirán un oráculo de la propia diosa, que les advierte del nuevo peligro que acecha a los suyos, mientras se debaten en cuestiones personales:

Sacerdotisas (tarot)

Calírroe, la Luna Menguante, la Sabia, es líder espiritual del reino. Su conexión con la diosa es total, y siempre ha beneficiado al pueblo. Pero el oráculo le hace revivir fantasmas del pasado, y un secreto escondido a todos hasta el momento: la existencia de una Luna Negra, que será causante de mal que se avecina. Si el presagio de muerte se hace realidad, nadie en la isla podrá eludir el destino que antaño sufrió su antecesora Medusa a manos de Perseo, también argivo, como los que se acercan por mar…

Nedeala Luna Llena, llora en silencio la carencia de ese don especial que disponen Eriteia, su hija, y Calírroe, su maestra, y le ha sido negado a ella. Su consuelo es ser la compañera de Gerión, rey triple como la diosa, y amante tres veces más satisfecha que cualquier otra mujer.   Sin embargo, la crisis acentúa en ella una sospecha que amenaza la unidad de la Tríada, debido a un oscuro secreto que la Alta Sacerdotisa se obstina en mantener oculto…

Eriteia, la Luna Creciente, abandona la Tríada tras entregar su virginidad a la diosa.   Ante ella se abre ahora un mundo nuevo, de amor y sexo, que ha mantenido alejado mientras ejercía el cargo, y sueña con su primera experiencia. Pero en su mente se enfrentan la promesa infantil que hiciera un día al joven pastor Menetes y un desconocido, al que amó Silein y ella sintió a distancia, gracias al vínculo especial que mantiene con la diosa; don que comparte con la gran sacerdotisa Calírroe, su abuela.   Durante la ceremonia de la Gorgona participa en una visión junto a Lete, su sucesora, que muestra a Nórax navegando hacia la isla junto a los aqueos…, el peligro que anunció la diosa.

Imagen de Bob Woods

NÓRAX II – Las Columnas de Heracles

LAS COLUMNAS DE HERACLES

(CANCIÓN PARA TRES LUNAS)

Volumen II de la saga ya disponible, en Bubok

Portada y contraportada Nórax II 

Tartessos, año 1249 a.C. 

Nórax es recogido del mar por una expedición aquea comandada por Heracles, quien navega rumbo a Eritia, la isla del rey Gerión.

 El tartesio se convierte así en testigo y partícipe involuntario de una aventura épica plagada de mitos: Tisífone, Erinia de la venganza; las Cien Manos de Briareo; la hermosa y calculadora Tinge, o Anteo, el cruel hijo gigante de la diosa Tierra, que desafía a Heracles a un combate singular.

 En Eritia también conviven los mitos:

Gerión, Calírroe, Eriteia, Crísaor, Pegaso, Euritión… personajes que sin saberlo son actores de una lucha ancestral entre dioses, un enfrentamiento religioso que esconde en realidad un interés por destruir los restos de la sociedad matrilineal y a la mujer como centro de decisiones, para implantar otra de dioses varones, origen de nuestra cultura actual.

Tras el cuento que sirvió de prólogo, este volumen da inicio real a la saga de Nórax, una aventura clásica de Fantasía Heroica ambientada en Tartessos, ampliamente documentada en raíces mitológicas, en la que el autor intercala un atrevido análisis personal del profundo cambio cultural que subyace en los mitos, en línea con las tesis propugnadas por Robert Graves o Marija Gimbutas.

Las Dinastías Tartesias. I – Gerión

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Gerión, rey de Tartessos, aparece ya  citado en la famosa Teogonía de Hesíodo, poeta del siglo VIII a.C, quien con esta obra conseguía por vez  primera dar una estructura coherente a los mitos griegos, recreados sobre una base mitológica de culturas anteriores. Pero no será hasta que  Estesícoro de Himera (s. VI a.C.), consagre su poema “Geryoneia” a cantar las alabanzas del héroe por excelencia, Heracles, en su décimo trabajo (apoderarse de los famosos bueyes rojos de Gerión, y conducirlos a Micenas), cuando se puedan conocer los diferentes elementos genealógicos de su dinastía.

Gerión (o Geriones, porque eran tres) es hijo de Crísaor, el caballero de la falcata de oro, que surge junto a Pegaso de la cabeza de Medusa cuando es cercenada por la hoz de Perseo.  Su madre es Calírroe, la ninfa de hermosos cabellos que flotan al impulso del céfiro fecundante, hija de los titanes Océano Metis.  Estos datos se encuentran bien definidos en la Teogonía.

La tradición nos ha legado también a una hija de Gerión, llamada Eriteia , quien tendría un hijo con el dios Hermes, el mensajero de los dioses (posiblemente, para dotar al personajes de un linaje elevado).   Pues bien, ese hijo, de nombre Nórax, también será rey (otros dicen general) de Tartessos; un rey emprendedor, que llegaría incluso a colonizar Cerdeña, según citan historiadores como Pausanias (Siglo II d.C.) y Solino (S.III)

Son muchos los autores y estudiosos de la antigüedad que considera que tras el mito hay escondida una realidad histórica. Y, a falta de mayores referencias, la mitología griega (con el filtro de su propia realidad) constituye la mejor fuente donde descubrir la posible  historia de otros pueblos.

En el caso de Tartessos la mitología puede reflejar la existencia efectiva de una antigua realeza tartesia protohistórica.  Así lo han considerado, en diferente medida y distintos momentos del tiempo, autores como  Pausanias Diodoro de Sicilia en la antigüedad, o estudiosos de renombre más modernos como Maluquer de MotesCaro Baroja. Más fascinante resulta la hipótesis de trabajo barajada recientemente por Vázquez Hoys (ver punto V), que señala a la Gorgona Medusa como posible fundadora del linaje de la realeza tartesia.

MITO, REALIDAD O FANTASÍA

(Extracto del prólogo a la edición de Nórax de Tartessos I, en Bubok)eritia

Tartessos, aproximación histórica a un mito desaprovechado.

Pero volvamos a Tartessos, reino misterioso donde los haya.

Muchos autores lo han identificado con la Tharsis bíblica que aparece en varios de sus libros, en diferentes etapas.  Curiosamente, tales citas son hechas en fechas que coinciden casi exactamente con las del reconocimiento de Tartessos por parte de la Historia: en el Libro de los Reyes (en relación con Josafat, siglo IX a.C.), Isaías (siglo VIII a.C.), Salmos y Jeremías (siglo VII a.C.), Ezequiel (siglo VI a.C.), Jonás (siglo IV a.C.), Isaías III (hacia el año 475), Crónicas (hacia el 400 a.C.); después desaparecen, como las citas históricas de aquel reino. Sin embargo, como dice Manuel Bendala, las diferentes interpretaciones que se entresacan de ellas, hacen casi imposible extraer datos de verdadero valor histórico.

La mayoría de textos griegos enfocan el tema desde un aspecto mitológico, relacionado con su monarquía proto-histórica, aunque ya lo sitúan más allá de las columnas de Heracles, en el confín extremo del mundo.

Tal vez, la descripción más exacta de Tartessos se encuentre en los versos de la Ora Marítima de Rufo Festo Avieno, quien transcribe datos de un autor púnico del S. VI a.C. que cuenta hechos que bien pudo presenciar personalmente. Sitúa a Tartessos en una isla del golfo de su mismo nombre (actual Golfo de Cádiz), en el que desemboca el río Tartessos (Guadalquivir), que baña sus murallas tras pasar el lago Ligustino (actual Coto de Doñana), cerca del Monte de los Tartesios, lleno de bosques, y el Monte Argentario, en cuyas laderas brilla el estaño; a cuatro días a caballo de la región del Tajo (Ronda) y cinco de Mainake (Málaga). También indica sus límites: se extendía desde Huelva hasta Mastia (Cartagena).

La no presencia de rastro alguno en la región conducía a pensar en Tartessos como un concepto mitológico, y así lo trató la Historia.  Hasta que en 1924, Adolf Schulten, historiador y arqueólogo alemán, gran hispanista, publica su obra Tartessos, donde, en base a sus conocimientos de las fuentes literarias antiguas, señala la posible ubicación de la ciudad siguiendo las pautas de Avieno; también en su obra especuló con la posible identificación de Tartessos con la Atlántida de PlatónSchulten decidido a encontrar la ciudad, realizó excavaciones en Huelva y el Parque Nacional de Doñana.  Soñaba con obtener el mismo éxito que Schliemann con Troya, pero no lo consiguió.  Terminó obsesionado y desistiendo. Sin embargo, es considerado por todos el padre de la investigación moderna sobre Tartessos.

Hoy en día, la arqueología se ha encargado de demostrar la existencia de numerosas pruebas que justifican la presencia de Tartessos, un reino real, no mítico, en lo que hoy abarca Andalucía.  Pero mientras no se descubra la ciudad que fue sede de su monarquía poco se habrá conseguido.

La posición oficial de la Historia es que Tartessos no existió, porque su ciudad no aparece (como no existía Troya antes de Schliemann); su historia no puede ser tal porque no se conservan textos escritos -griegos, o egipcios- que la recojan, si no es como fábula o leyenda…

Pero la Historia que conocemos puede no ser la única:

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La civilización de Tartessos disponía de un lenguaje escrito propio.  Ya en el siglo I, Estrabón citaba (III 1,6) que los turdetanos disponían de leyes escritas con una antigüedad de seis mil años (hoy ocho mil); eran herederos de los tartesios.

Ana Mª. Vázquez Hoys, titular de Historia Antigua de la UNED, que hace años propuso fijar el inicio de la monarquía tartesia en Medusa (enlace), y recordaba la existencia de un posible radical autóctono GR, presente tanto en la Gorgona como en su nieto Gerión, Gárgoris o Argantonio, retoma ahora aquellos signos escritos aparecidos en Huelva, datados hacia el 4.000 a.C. para indicar que quizás la escritura no naciese en oriente, sino en nuestro occidente más cercano.

Dice Maluquer de Motes que una sociedad que descubrió tan pronto la escritura debía tener, en palacios y casas particulares, inscripciones reales, leyes, anales históricos, listas de tributos… al igual que otras monarquías contemporáneas (Knosos, Pilos, Micenas, Tebas…). Él mismo se encarga de demostrar que no se trataba de una escritura culta o de casta sacerdotal, sino de uso corriente, por toda la población, dadas las muestras encontradas en anillos, lápidas, vasijas, monedas milenarias, o utensilios de uso común…

Pero el alfabeto tartesio (como el íbero, y otros), aún no dispone de una piedra roseta con que descifrarlo…  ¿Qué Historia se nos ha negado, perdida tras el desconocimiento?

Son numerosas las pruebas arqueológicas que demuestran la existencia, durante el segundo milenio antes de Cristo, de un comercio real entre la Península Ibérica y la civilización de Micenas, al otro lado del Mediterráneo. La Estela de piedra de Nora, en Córcega, indica que Nórax, nieto de Gerión, fundó una colonia tartesia en esa isla, sobre el 1200, dando nombre a su capital… pero la historia “oficial” insiste en que la navegación fue “inventada” por los fenicios, hacia el año 1000 a.C….

Es muy posible, pues, que exista otra Historia, diferente y muy distinta de la que nos ha sido legada hasta ahora, escondida tras el mito.

Algo pasó, sin duda, hacia finales del S. XIII a.C. (¿un cataclismo, un maremoto tal vez?) coincidente con la caída de Micenas y la llegada de aquellos desconocidos “pueblos del mar” que invadieron el Mediterráneo oriental, cuna de nuestra cultura, historia y civilización actual. Algo, que nos ha privado, hasta ahora, del conocimiento y saber sobre esa otra cultura que bien podría haber florecido en el Mediterráneo occidental y nuestra península, y llegó hasta una Grecia y Egipto que intentaban recomponerse, en forma de leyenda.

Sería curioso, y paradójico, que la búsqueda ahora de esa otra leyenda eterna, la Atlántida (¿o es lo mismo?), colaborase al descubrimiento de Tartessos:

Más allá de las ensoñaciones de Schulten, en 2001, el Dr. Collina-Girard, geólogo del Centro Nacional de Investigación Científica francés, expuso su teoría de la existencia de la Atlántida entre Gibraltar y Tánger, más en concreto en la isla sumergida de Espartel.  La BBC anunció en 2004 la realización de una expedición científica para corroborar este dato, en la que esperaban encontrar restos de civilizaciones antiguas… Al tiempo, científicos de la universidad alemana de Wuppertal retomaban aquella idea de situar su presencia en Doñana, enterrada a gran profundidad en las marismas de Hinojo, pues, a partir de fotografías tomadas desde satélite habrían detectado una isla de las mismas dimensiones que la que describe Platón para la Atlántida, también con círculos concéntricos, y una estructura coincidente con el templo de Posidón. Aunque este planteamiento ya ha sido rechazado por algunos expertos de la Universidad de Huelva, otros, historiadores e investigadores del CSIC continúan sus estudios y orientan sus trabajos en este sentido… en un entorno natural protegido que impide grandes avances.

Al día de hoy ignoramos qué deparará el futuro sobre la civilización de Tartessos; pero no hay duda de que gran parte de la comunidad científica se niega a rechazar la posible realidad del mito.

Y, mientras ese futuro llega, ¿por qué no usar la Fantasía para recrear mitos perdidos de una realidad posible, puede que no del todo improbable, … y disfrutar con ellos?.

Manuel Berlanga Fernández
Málaga, verano de 2007,
diciembre de 2008.