Muertos vivientes en la Edad del Bronce

En los últimos tiempos, los muertos han regresado, los zombis están de moda; por doquier, se suceden películas, series de televisión, cómics, juegos de ordenador… Por supuesto, también literatura de terror basada en el concepto del muerto redivivo, algunas muy atractivas; y siempre, a gran escala.  Hoy la gran “Z” parece omnipresente…

Por tanto, utilizarlos en una obra de ficción épica puede parecer un intento de aprovechar la corriente o el viento que sopla a favor.  Pero no es eso.  Cuando (hace ya muchos años, en las páginas de Berserkr nº.7) concebí la historia de Nórax de Tartessos, el reino mítico protohistórico que ocupó gran parte de la Andalucía actual, ni imaginaba utilizar ese recurso.  Surgió solo, fruto de la necesidad:

La historia de Nórax iba ser contada de inicio en una sola novela, continuación del relato inicial donde el joven tartesio es recogido por la expedición de Heracles (y se convierte en su compañero y testigo de su décimo trabajo, en la isla Eritia)… Pero, en su trascurso, Heracles se erigió en protagonista absoluto de gran parte de la narración y ésta creció por su cuenta, de forma espontánea y sin desvirtuar la idea original, con cada referencia o historia cruzada que encontraba en los textos mitológicos y estudios sobre el personaje que disponía como documentación, y éstas encajaban con naturalidad en la historia que quería contar (consultar en el índice, los diversos post dedicados al personaje en esta página; resulta apasionante, como veréis).

Para el segundo volumen, aparte del enfrentamiento final, sólo me quedaba desarrollar la historia de amor entre el joven tartesio y Eriteia, cuyo fruto va a ser el Nórax real proto-histórico, quien tomará el nombre de nuestro protagonista (en los textos clásicos conocidos, se cita como padre de ese Nórax a Hermes, el heraldo o mensajero de los dioses… griegos, por supuesto; y heraldo va a ser aquí, aunque no griego).  Pero una historia de amor, por sí sola, no resulta atractiva para una aventura de Fantasía Heroica.  Si, además, requería un desarrollo mayor de los personajes en la isla, un pasado, motivaciones, necesidades y vivencias que los hiciera creíbles, la historia, por muy fantástica que llegase a ser, iba a resultar muy poco –casi nada- heroica. Necesitaba, por tanto, algo más épico, con mayor acción y elementos mitológicos, relacionado además con los personajes de la historia original…

Una vez más, decidí recurrir a las fuentes…

Y en ellas, junto a Equidna y Ortro, se encontraba Tifón… Puede que no tanto aquí aquel ser terrible azote de los Olímpicos, que incluso consigue destronar a Zeus, sino uno menos potente, enraizado esta vez en la Teogonía tartesia que concebí en los orígenes a imagen del mito pelasgio de la creación.  Un Tifoeo malvado y oscuro, sí, aunque  menos poderoso que aquel; en sus inicios, quizá, pero ya calculador e intrigante, oscuro y manipulador; un dios que juega con los sentimientos dañados de Equidna y engaña incluso a otros dioses (tartesios); tan poderoso y temible ya como para dar nueva vida a los muertos y utilizar un ejército de demonios y zombies proto-históricos en su beneficio.

Alguien que pudiera ser derrotado, para renacer después con más fuerza, más experiencia, nuevas miras, y ya dispuesto a enfrentar –y vencer– a los dioses del Olimpo.

Y, junto a él, una legión de zombies en la edad del bronce parecía un buen contra-punto a la historia de amor de los personajes…

Manuel Berlanga

Málaga, mayo de 2010 (Noviembre de 2015)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>